Por: @jdecigarettes
Desde hace un año me suscribí a este servicio de streaming online.

Desde hace un año, las noches de los fines de semana tienen un nuevo sabor: cucharear con mi amor mientras vemos nuestras series favoritas.

Cada tanto, un correo electrónico nos avisa la llegada de capítulos nuevos, cosa que me hace saber que el siguiente fin de semana dormiré en los brazos de mi amado viendo episodios de Derek, Orange is the new black (OITNB) o House of cards. Esto se ha convertido en un ritual.
Lo que empezó en 1997 como un moderno Videocentro en la costa oeste de Estados Unidos, se ha convertido en la punta de lanza en cuanto a servicios televisivos se refiere.

La novedad del asunto es que ya no es solamente una empresa retransmisora en línea. Netflix se agarró las bolas y comenzó a producir sus propias series de la manera más independiente imaginable. Los tres primeros shows producidos son una verdadera delicia:

OITNB es una historia original, escrita por Jenji Kohan. Igual el nombre no les remite a algo, pero tal vez cuando les cuente que es la misma mujer que originó la serie Weeds se les prenda el foco. Actualmente es considerada la serie más exitosa de la proveedora. El plot va así: Piper (Taylor Schilling) es enviada a la cárcel después de cometer un delito… diez años atrás. En el centro de rehabilitación social se encontrará con su antigua amante, Alex (Laura Prepon, That 70’s show), responsable de arruinar su incipiente boda y compromiso con Larry (Jason Biggs, American Pie). La magia de este cuento telenovelesco está provista, además, por las historias secundarias. Quién no querría saber la causa de la desgracia de damitas buenas convertidas en delincuentes.

House of cards es una adaptación para televisón. Apellidos como Fincher y Spacey aparecen en los créditos de dirección y producción. Frank y Claire Underwood viven un sueño: él, un exitoso político americano; ella, una exitosa fémina filámtropa. Al parecer, su vida y matrimonio son pura perfección. Sin embargo, y como es lógico pensar, hay mucho más detrás de su relación: intrigas, juegos de poder, sexo y dinero, mucho dinero, son algunos de los elementos que tiñen la historia de puraintensidad.

 Derek merece un post aparte. Lo único que les puedo decir es que Ricky Gervais (The office) produce, escribe, actúa y dirige una de las series más entrañables que he visto jamás, lo que me lleva a EXIGIR que le entreguen todos los premios habidos y por haber.
El fenómeno Netflix es sumamente interesante tomando en cuenta que vivimos los claroscuros de la era dorada de la TV. Breaking Bad y Mad Men representan la cima de la misma. Para cadenas como HBO significa un verdadero reto competir con una empresa que no vive de comerciales; se mantiene a ella misma gracias a los 50 millones de seres humanos que deciden pagar por ver su contenido. Muchos de los nuevos suscriptores se han unido a esta comunidad gracias al éxito de las historias originales y no por las películas o series pre-hechas. De una u otra forma, lo que entendemos como “indie” ya no sólo aplica para la música o el cine, ahora también aplica para la televisión, por lo menos en línea.
El hecho de generar más adeptos también es prueba de que se puede conseguir dinero sin tener que vender el alma al diablo o comprometer el ingenio, creatividad y sobre todo, calidad. Lo que sí se necesita, y hace falta en la industria musical, es un genio o por lo menos alguien muy astuto, observador y sin miedo, que también se agarre los tompiates y comience a innovar. ¿Cuándo llegará? Pronto, muy pronto, espero yo. ¿Ustedes qué opinan?
 

Categorías: Columnas

Leave a Reply